viernes, 4 de julio de 2008

Puterío

Desde ya hace mucho tiempo en las ciencias médicas existe una gran rivalidad entre los favoritistas de la macroscopía y aquellos de la microscopía. Los primeros dicen —y me permito simplificarles muchísimo cientos de años de discusión— "Pero... ¡Lo estás viendo! Es tangible, su forma corresponde a sus funciones, ¿cuánto más querés?", mientras que los segundos les contestan con un "Sí, bárbaro, pero ¿de dónde salen sus funciones? Hay algo más que no estás viendo.". Ambos tienen razón, y claro que un poquito se reconocen las opiniones mutuamente, que si no estaríamos en una absoluta primitividad científica, pero aún así les es difícil hablar (quizás por orgullo, quizás por pedagogía) del sistema integrado.
Para que nuestro cuerpo funcione, todas sus partes —sean vistas macro o microscópicamente— tienen que estar trabajando en sintonía. Pero hablemos de aquella segunda opinión, la que no es apreciable a simple vista pero de la que todo el mundo habla sin saber muy bien de qué se trata: "¡No sé qué le pasó! Se puso como loca... Deben ser las hormonas" o "Está hecho un pelotudo, le están aflorando todas las hormonas", por mencionar algunas.
Son las hormonas las que se encargan principalmente de integrar a todo el organismo. Una hormona (del griego "horman", excitar) es una molécula —una cosita, digamos para los que de esto no cachan una— que larga una célula (efectora) para decirle a otra "Che, mirá, me está pasando esto... ¿Vos qué me decís?". La segunda va a agarrar y va a producir una respuesta, seguramente también en forma de hormona. Esa célula puede estar al lado de la primera, puede estar a metros de distancia (comunicadas por esa calle orgánica que es la sangre) o, incluso, puede ser la misma célula la que envía y recibe el mensaje.
¡Pero no!, no se crean que es tan simple como eso. Supongamos que la célula efectora es un cantante dedicándole una canción a su amada, la célula blanco. Ella va a recibir el mensaje, sí, pero en el camino va a haber muchas otras que escuchen la canción (¿en La 100?) y generen su propia respuesta (que de todas formas seguramente sea acorde a las intenciones originales del cantante). El único requisito es que tengan receptores (oidos) para esa hormona.
En un sentido un tanto simplificado y pedagógico del asunto, cada "sistema de hormonas" con una función determinada, integra lo que se llama un "eje". Gran parte de las hormonas (insulina, tiroideas, testosterona, etc.) se generan a una respuesta a un mensaje que proviene de arriba —del encéfalo—: de los siempre bien ponderados hipotálamo e hipófisis. Ellos son los que reciben la información del entorno, a través de los sentidos, y del resto del cuerpo, a través de otras hormonas. En respuesta a estos mensajes, mandan sus señales a las glándulas del resto del cuerpo.
La respuesta para una hormona es estereotipada (siempre la misma) para cada tipo de célula. El asunto empieza a ser divertido cuando empiezan a variar las cantidades del mensaje (variando la cantidad de hormona liberada) y de la respuesta (variando proporcionalmente a la cantidad de estímulo, o de capacidad de respuesta que tenga la célula). Volvamos al ejemplo del cantante: El tipo se la pasó cantándole a la célula de su añoranza y ella lo escuchó, empezaron a salir y ella se obsesionó, empezó a llamarlo tres veces por día y a buscarlo todos los días a la salida del laburo. Entonces él dijo "Epa, mejor aflojo con el mensaje, que así la cosa no va" y dejó de cantarle. Ella se dio cuenta y pensó "Ay, me pasé, mejor le doy un poco de espacio", y él volvió a cantarle. Esto es lo que se llama "retroalimentación" (o feedback), y funciona de manera cíclica y en equilibrio en todo el cuerpo, regulando todos sus procesos. Una vez que se generó una cantidad suficiente del efecto que se buscaba, esos centros superiores censan que hay mucha hormona (producida por la glándula) dando vueltas, y paran la producción de la suya.
Pero bien sabemos que ningún sistema es cerrado. La cosa se complica cuando empiezan a aparecer otros factores externos. La célula efectora puede tener muchos amigotes, digamos, "Lo' pibe' del Cerebro Normal 10", que le van a estar aconsejando (siempre por medio de hormonas) sobre qué hacer, en base a lo que vieron, escucharon o simplemente se les ocurrió. La célula blanco también puede tener sus amigas y amigos, y acá es donde la cosa realmente se complica, porque puede ser que los que produzcan la respuesta realmente importante sean ellos y no la primera que recibió el mensaje. Los amigos de ambos, pueden, a su vez, tener varias rutas de comunicación (ejes) propias. Al cruzarse e interrelacionarse unas con otras es que se da el funcionamiento del organismo como un todo armónico. Si alguna se pasa de la raya, se arma un quilombo que afecta primero a las directamente involucradas, y después a todo el resto, pudiendo llegar a la disolución del grupo.
No está de más decir, si es que no se desprende de lo anterior, que la función de las hormonas puede ser positiva o negativa, es decir, puede estimular o inhibir a otra célula para que haga o deje de hacer algo. A su vez, la misma molécula puede en determinado tejido tener un efecto estimulante y en otro inhibitorio, sin que eso sea una contradicción. De la misma manera, dos hormonas distintas pueden tener un efecto agonista entre sí (ambas cumplen la misma función e incluso se pueden potenciar), o bien el efecto de ambas puede ser antagonista, cumpliendo funciones opuestas en el sistema.
Todo en el organismo está regulado por hormonas: El crecimiento (cómo, cuánto y cuándo se crece), la digestión (desde el hambre hasta que el último gramo de comida pasó a la sangre), la excreción, los ciclos cardíacos y respiratorios, la sexualidad y una buena parte de los mecanismos nerviosos, entre otros, con las complejidades que cada sistema tiene. También marcarán en las primeras etapas de la vida si el individuo será hombre o mujer: por ejemplo, si a un feto femenino se le dan hormonas masculinas (testosterona, entre otras), desarrollará genitales masculinos; si por el contrario a un feto masculino se le sustraen sus hormonas masculinas, desarrollará genitales femeninos. Es interesante también, siguiendo con el tema de la diferenciación sexual, que si a un varón se le dan hormonas femeninas (estrógenos, entre otros) durante las primeras dos décadas de su vida, puede desarrollar glándulas mamarias e incluso secretar leche, sólo por poner alguno de infinitos ejemplos. En muchas cuestiones, entonces, serán las hormonas aquellas que rían último.

1 comentario:

María José dijo...

Jajajaja! Me mató la historia de la célula cantante y la célula que se copó demasiado y lo fue a buscar al laburo XD! Esas cosas pasan (?). Interesante el post.